COMO GRADUAMOS A UN NIÑO O UN BEBÉ.

Con frecuencia oímos que a los niños se han hecho unas gafas a un niño solamente tomándole la visión subjetiva o como mucho basándose en un aparato (refractómetro automatico) que aparentemente dice la graduación que el niño tiene.

Esto es totalmente INCORRECTO, hay un factor que es el que denominamos acomodativo, o para que nos entendamos bien, el esfuerzo que el niño puede hacer para ver, que el aparato no es capaz de precisarlo si al paciente no se le han puesto unas gotas para evitar dicho esfuerzo.

Esas gotas, de ciclopléjico (las más frecuentes y que paralizan la acomodación además de dilatar la pupila), lo que pretenden es evitar que el niño haga cualquier esfuerzo para poder ver, con lo cual no nos esté falseando su graduación verdadera.
En las épocas actuales este hecho se ve incrementado por el abuso de los móviles, videojuegos etc., que es lo que provocan es un exceso de esfuerzo acomodativo y a veces nos dan miopías falsas en pacientes que son por el contrario hipermetropes con el consiguiente error en su graduación si no ponemos las consabidas gotas.

Además la dilatación de la pupila tiene como finalidad poder valorar el fondo de ojo en su totalidad, para lo cual es necesario tener una pupila grande que nos permita una completa visualización y un diagnóstico completo de otros posibles problemas que también pudieran ser los responsables de esa mala visión y no solo la necesidad de gafas.

Por lo tanto no es correcto en realizar una prescripción de gafas a un niño sin la consiguiente dilatación de la pupila, pues podemos cometer errores importantes en dichas graduación y como poco la precisión de la misma nunca va a ser la adecuada.

Cuando el niño se trata de un bebé, o bien no presta la colaboración precisa, no necesitamos de ningún aparato para conocer la graduación exacta del niño, sino que simplemente dilatando la pupila con las ya mencionadas gotas y enfocando una luz en dicho fondo de ojo (esquiascopia), sabremos cuál es la graduación del niño. Por ello No es necesario que un niño preste colaboración o no, igualmente que si por desgracia apareciese algún problema que dificultará dicha colaboración, eso no es impedimento para poder realizar una correcta graduación del paciente.

 

No es necesario que un niño preste colaboración o no, igualmente que si por desgracia apareciese algún problema que dificultará dicha colaboración, eso no es impedimento para poder realizar una correcta graduación del paciente.
Los niños deben de verse desde el nacimiento para descartar no solo problemas de graduación, sino cualquier alteración congénita que a edades tempranas pudiera ser tratable y que posteriormente puede repercutir la demora diagnostica en sus condiciones visuales futuras.

 

 

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